miércoles, 6 de enero de 2010

Te lo cuento a tus pies...

Impotencia
El príncipe besó a la Bella Durmiente. No despertó.
Volvió a besarla. Ella ni siquiera cambió de posición para defender su sueño.
Él dudó un momento, pero luego introdujo su lengua en la boca de labios pálidamente coralinos. Ninguna reacción.
Desesperado empezó por morderle las orejas, a besar su cuello, a hacerle caricias que el pudor me impide transcribir... pero nada.
El príncipe, avergonzado, no protestó cuando di vuelta a la hoja.

Detrás de la máscara
La hermosa ante su tocador, se quitaba la larga peluca ensortijada, las negrísimas pestañas postizas, las irisadas lentes de contacto.
Después iba haciendo desaparecer el brillante rouge de sus labios, el tenue carmín de las mejillas, el aporcelanado maquillaje.
Finalmente, al descubierto su belleza magnífica, se extasiaba entonces en su contemplación.

Desengaño
Él, le perdonó a ella que lo hubiera engañado durante dos años tres veces por semana. Ella, no le perdonó jamás que la hubiera perdonado, y...
¡Se fue a vivir con él!

JÉNICO

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